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Verónica
Rivera es peruana y, además, directora técnica
de fútbol. Desde el año 2000 lleva adelante un
proyecto que la entusiasma: las Escuelas Formativas de Fútbol
Femenino.
La primera escuela nació en Parque Sarmiento, luego se
sumó otra en el Parque Centenario, está por lanzar
una en Olivos y a futuro quiere abrir una en La Matanza y otra
en Lima, Perú. Todos los equipos se llaman Las Terrazas
de Buenos Aires. Este es el resumen de una larga charla que
Club Social mantuvo con ella.
¿Las mujeres tienen iguales oportunidades que
los hombres para trabajar como directoras técnicas de
fútbol?
Es probable que prefieran a un varón que a una
mujer, porque en el área del fútbol el varón
es visto como más profesional, tiene más experiencia.
En este sentido cuesta entrar, porque yo he presentado proyectos
y no me han llamado, no me han tenido en cuenta.
¿Creés que es por tu condición
de mujer o por otra cosa?
Puede ser por mi condición de mujer y, también,
por ser extranjera. Si hay hombres a los que les cuesta trabajar
en clubes, imaginate una mujer. A menos, claro, que tengas un
padrino o madrina conocido dentro del club que te pueda ayudar
y hacerte entrar.
¿Tuviste trabas por ser peruana?
Puede ser. Por peruana y por mujer. En algunos lugares
fue así. No te lo dicen pero una se da cuenta. Hay alguna
gente que te puede discriminar y otros, en cambio, te valoran.
Contanos como decidiste crear las Escuelas Formativas
de Fútbol Femenino.
Nosotros pensamos primero en deporte formativo y luego
en competir. Como mujer me iba a integrar más fácil
con las mujeres y luego decidimos incorporar varones. Empecé
en Parque Sarmiento en el 2000 y se anotaron muchas chicas.
La idea no es lucrar con esto,. Por el contrario, lo que se
pretende es crear un ámbito donde la mujer pueda abrirse
nuevos espacios de participación. Las mismas chicas pagan
el ingreso al lugar, que es de 1 peso, pero después aumentamos
la cuota a 3 pesos, para poder comprar los elementos y la ropa.
¿Hay algún límite de edad para
participar?
Las edades van desde los 9 a los 35 años y están
divididas en 3 categorías. Además de enseñarles
a jugar nosotros las motivamos, las aconsejamos, las estimulamos
para que tengan otra perspectiva sobre lo que pueden lograr
ellas mismos.
¿Vos hacés todo esto como actividad voluntaria?
Sí, como actividad voluntaria. La idea es que se
autofinancie porque no recibimos dinero de afuera. Las mismas
chicas sostienen el proyecto.
¿Cómo fue lo de Parque Centenario?
Ahí hemos integrado a los varones. Me dieron un
predio muy grande y había chicos que jugaban en el parque,
pero también fumaban y tomaban cerveza. Yo salí
y empecé a invitarlos a que jueguen en las canchas, con
organización. Les gustó la idea y llegamos a juntar
40 chicos. Luego armamos el equipo que iba a representar al
Terrazas para motivarlos, porque si va a ser lo mismo que antes,
no sirve. Los chicos quieren algo mas, sino vuelven a fumar
o al alcohol. Se les pide respeto: a nosotros, al lugar, a sus
compañeros y a ellos mismos. Los chicos tienen que ver
una conducta que sirva de ejemplo, sino creen que uno es lo
mismo que el parque, donde pueden hacer lo que se les dá
la gana. Cuando traspasan los límites del parque e ingresan
al predio, es otra cosa.
¿Como nació tu interés por el
deporte, especialmente por el fútbol?
Desde chiquitita mi mamá me anotaba en todas las
actividades deportivas y jugaba al fútbol en el barrio
con los varones. Me decían machona... pero mis compañeros
me aceptaban. A la gente grande le chocaba verme jugar con los
varones, pero a mí me gustaba el fútbol. También
jugaba con mis muñecas, y las hacia jugar al fútbol:
una de arquera y otra de delantera.
¿Era el deporte que se jugaba en tu barrio?
Exactamente, yo le robaba la pelota a mi papá,
que entrenaba equipos de forma amateur. Golpeábamos las
puertas de las casas y salían sólo los chicos,
porque a las chicas sus madres no las dejaban. En cambio mi
mamá me dejaba. Y los tiempos han cambiado: ahora está
lleno de equipos de fútbol femenino en todo el mundo.
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